La última comilona
Ayer me fui a una pequeña reunión. Ya venía acariciando la fecha, desde que me pusieron sobre aviso del menú. Fritangas.
Ahhh tan solo de imaginarlas, salivaba. Hace tanto tiempo que no asistía a una fiesta así, desde hace cerca de 4 años, el guateque que organizó mi hermana en mi honor y un amigo suyo hizo unas garnachitas istmeñas, lo cual es uno de mis antojos favoritos. Pues nuevamente, comí hasta brillar con luz propia. Manteca de cerdo 100% extra-virgen.
Ahi les va mi recorrido.
Para abrir hambre: botanitas y un poco de refresco.
Hasta la mesa llegaban varias personas que tomaban tu "orden". Lo primero que me mencionaron de su lista en cantaleta fue, molotes y eso pedí para no dilatarles. Como quien pretende llevar un orden en el caos del antojo de fritanga. Auuhh, ya ni recordaba los dichosos molotes, de hecho me sirvieron algo un poco distinto a como los imaginaba. Un mega molote de tinga. Ilusa de mí y yo ya había encaminado la orden de una chalupa.
Dí cuenta del molote, ¡madre mía! ya tenía en fila la chalupa que tampoco era lo que creía. De haber sabido que esto era versión Gulliver y yo estaba quedando enana para estas cantidades de comida. La chalupa, que yo imaginaba como una tortillita, tipo memela pero frita, resultó ser una pila de tortillas, cada una aderezada con su salsa y carnita, cebolla, queso, nada más eran 7 tortillitas, en torre como hot cakes.
Con esfuerzos me comí la mitad y encandilé al de a lado, no cabe duda, soy buena para negociar, les vendí la idea de que en adelante era mejor compartir medios platos para alcanzar a probar lo demás.
Sí, todavía pedí mi vasito de esquites, los elotes sujetados con un palito de madera los ví pasar de largo porque mis dientes incisivos ya los apartó mi dentista para las fotos, o muerdo elotes o sonrío.
Por último unos plátanos fritos, aderezados con crema, y leche condensada.
Ya no llegué al pastel, que había de 3 sabores, y creo que había tacos árabes para los de carrera larga. Salí un poco antes, el cerebro comenzaba a embotarse con tanta azúcar, por lo que huí en mi egomóvil, cuando todavía respondían las piernas y los reflejos. Llegué al búnker a colocar mi cuerpo en horizontal, y sentía que traía un costal en la barriga. Ahhh pero qué rico comí, hasta donde pude.
Lo dicho, a partir de mañana luego de una cena ligera, mi siguiente comida supongo que será muy entrada la tarde de lunes. En los hospitales deberían dar el menú, para saber si llega uno tal o cual día, dependiendo del sabor de la gelatina o del atole.
Foto: Pollo frito, por Daquella manera, en Flickr. Usada bajo licencia creative commons Generic 2.0.








